Para ahorrarle la lectura a aquellas personas a las que les gusta ir al grano, o por si acaso careces de tiempo y sos de los que viven a las apuradas. O simplemente perteneces al grupo de aquellos a los que les gustan las cosas ya mismo, sin saber realmente lo que quieren. Si acabas antes de ponerla, si sacas la SUBE 20 minutos antes de que llegue el bondi o  caminas las últimas 4 cuadras antes de llegar a tu casa con el manojo de llaves en la mano, te lo resumo. Cleo fue el nombre de mi primera perra y Taba, surge de la segunda. Te libero, ya lo sabes, ahora podés ir a limpiarte el culo antes de hacer caca. Para el resto, existe MasterCard y para los que tienen paciencia, aca les explico la historia completa del porqué de CleoTaba.

 

Corría el año 1986 y también corría la coupe Mitsubishi que tenía Arturo, un gran amigo de mi abuelo Tito a la cual se le levantaban los farolitos de adelante, toda una tecnología para el momento.  Diego maradona y compañía estaban por salir campeón del mundo con la Argentina, y el presidente demócrata Ricardo Alfonsín, como los de ahora, hacía malabares para sostener un país barranca abajo que era devorado por la hiperinflación. Yo en cambio, ajeno a todo aquello, jugaba a patear la pelota contra la pared en la quinta que Arturito tenía en Maschwitz.

 

Me habían contado que para perfeccionar mi pegada debía patear contra la pared, una vez con la izquierda y entonces con la derecha, aumentando la velocidad de los toques a medida que te acercas y alejas de la pared. En eso andaba, Tic-Tac, Tic-Tac, left -right, left – right; hasta que en una de esas la enganche mal, le di con el tobillo y la pelota fue a parar a la calle que lindaba con aquel muro de concreto. Como de costumbre, desafiando los límites impuestos por mamá, los cuales no me permitían en absoluto salir solo de aquella casa, me aventure y dui en busca del balón extraviado.

 

Cuando me acerque al portón de ingreso a la quinta, y antes de que pudiera ingeniarmelas para salir sigilosamente, un pequeño colibrí (esa era Cleo) que no era un pajarito, sino un cachorrito, pero que enternecía tanto como lo hacen los colobri. Paso entre los barrotes de hierro y sin temor alguno me encaró con cara de quien ve a sus padres luego de estar perdido por un rato en la playa.

 

Sin dudarlo la agarre, la abrace, la bese y la lleve adentro de la casa donde almorzaban Mamá, Papá, mi hermana Sole, Arturo y el resto de la familia. Cleopatra, que era su nombre completo, tenía pequeñas manchitas de color té con leche con tres cucharadas de azúcar, desparramadas sobre un pelaje blanco y largo que le daba aires de diva . Tenía unas orejas bien largas y unos ojos demasiado hermosos, capaces de convencer a cualquiera, menos a mi viejo.

 

Apenas ingrese a la casa el 99% de los presentes lanzó un “AHHHHH” bien largo que indicaba el nivel de ternura que tenía lo que cargaba en mis brazos. El restante porcentaje, en realidad solo mi padre, exclamó un lapidario “Ni en Pedo”, en referencia al colibrí de 4 patas y viéndose venir la idea de que ese cachorrito fuera la primera mascota de la familia. Aunque el primer “No”, fue rotundo y contundente, a tus 6 años no existe “No” que sea tan rotundo y menos que nada convincente, como para detenerte. Por suerte para mi, eran recién las 12 del mediodía por lo que contaba con todo el resto de la tarde para quemarle el bocho a papá y lograr mi cometido.

 

Para la hora de partir, ya mamá y mi hermana Sole estaban de mi lado, pero mi progenitor seguía negado a la idea de adoptar a Cleo. El tiempo estuvo de mi lado y al momento de subirnos al auto, para arrancar  el viaje de vuelta en aquel Fiat 128 blanco, el debate llegó a su fin y desde aquel dia de Febrero de 1986 la familia sumó un integrantes al clan que nos acompañó por otros 17 años.

 

Cuando Cleo murió recuerdo que papá prometió nunca más tener un perro, no porque haya sido una molestia, pero pensamos que ese amor sería irremplazable, que no habría otra como ella y así fue, no hubo, todos son diferentes. No nos tardamos mucho, solo tres días después de su ida, rompimos tanto los huevos que fue imposible negarse. Encaramos para Burzaco, provincia de Buenos Aires, a un criadero donde tenían todo tipo de cachorros.

 

Rápidamente nos enamoramos de unos Dogos que andaban por ahi, de seguro no queríamos nada parecido a Cleo para no entrar en confusión en noches de borrachera. Yo por mi parte me había obnubilado con un bebé de Mastin Napolitano, pero cuando mis viejos vieron la exitacion que tenia el perro dentro del canil, lo descartaron. Algo mareados ante tanta mezcla canina decidimos que lo mejor seria asesorarnos con la gente del lugar, que en base a lo que nosotros buscábamos de un perro, nos pudieran guiar en las razas más acordes.

 

Alicia, la mujer a cargo, nos comento que tenian un cachorro de 45 días de Fila Brasilero, raza que ignorábamos por completo por esos días. Se llama “Vení”, dijo Alicia. Veni? Le preguntamos; si si “Veni”, se llama así porque es muy obediente, le decis veni y ella viene. Abrieron la puerta y se asomó otro colibrí, parecido a aquel que habia visto hacia mas de 17 años, pero este era algo más morrudo, bastante más corpulento, con un pelaje atigrado hermoso, lo único blanco que tenía era una manchita en el pecho.

 

Vení le dije, Veni. Y saben que? Ella vino, vino corriendo muy torpemente, haciendo flotar sus gigantes orejas al compás del trote. Era inmensa para solo tener 45 días de vida, sus patas eran las de un Yaguareté, sus ojos almendrados te penetraba cuando te miraba fijo, era una bestia, una hermosa bestia. Alicia nos comentó que los Filas son perros con mucho temperamento, que necesitábamos educarla, estarle encima, pero que son unos de los perros más fieles y familieros que uno puede llegar a tener. Cuanto puede llegar a pesar Veni, consulto mi padre antes de dejar el lugar. La respuesta nos dejó algo preocupados, dado que los Filas pueden llegar a pesar 60, 70 o incluso más kilos.

 

En ela caminata hasta el auto, Vení le tiró tres tarascones a mi viejo, ataco a mi hermana por la espalda  y a mi mama no la quería ver ni en los álbumes de fotos. Con el único que pegó onda fue conmigo. En el viaje de vuelta, mientras ella descansaba en mi falda, dimos aviso a la familia para que se acercaran a ver la nueva mascota. Los quiso morder a todos, se quería morder ella misma cuando se veía en el espejo. No perdono a ningun miembro, no reparo si era la abuela Maru, Tito o quien sea. Se los quiso comer a todos, atacando uno por uno a medida que iban entrando a casa y ni hablar de quien se quería acercar a hacerle un mimo.

 

Con los meses se calmó, se hizo más sociable, un poco, nunca tanto, siempre tuvo un carácter muy fuerte y la gente fue algo que nunca la terminó de convencer, cuanta razon tenia. La dejamos de llamar Veni y en honor al nombre que llevaba un criadero de Dogos que había frente a nuestra casa de Mar del Plata, que fue clausurado debido al maltrato que recibían los perros; criadero donde se escuchaban los chillidos de los pobres cachorros cuando les cortaban las orejas para hacerlos lucir mas malos, cambiamos el nombre de Veni y le pusimos Taba.

 

Taba vivió unos 9 años hasta que murió por un tumor en sus tetas, pero antes de irse nos dejó un legado que hasta hoy conservamos. Taba dio a luz allá por el 2006, se convirtió en madre gracias a su novio Zico, un Fila de color negro imponente. Tuvo 4 bebes de los cuales nos quedamos con Pancha y Jagger. Los otros se los llevó la mama de Zico. Pancha vivo 13 hermosos anos y este año 2018 nos dejo, pero antes se tomó el tiempo de educar a nuestro Fila número 3, Ñata y esto, esto recién arranca.